
Conocer cómo se produce, distribuye y consume la energía permite tomar decisiones más precisas para reducir costos, aprovechar fuentes renovables y mantener condiciones estables de operación. Bajo esta lógica funciona la microrred inteligente Eco-Campus, implementada en el Bloque H de la sede Quito. El sistema, desarrollado por investigadores del Grupo de Investigación en Redes Eléctricas Inteligentes (GIREI), integra los recursos de generación renovable, el monitoreo de las variables eléctricas y las herramientas de control dentro de una misma plataforma. Su funcionamiento permite observar el comportamiento energético del edificio, identificar variaciones en la demanda y coordinar de manera más eficiente la energía disponible. A diferencia de una instalación eléctrica convencional, en la que el consumo depende principalmente de la red pública, la microrred administra diferentes recursos y define cómo deben utilizarse de acuerdo con las condiciones de operación. Para ello, los investigadores modelaron la red eléctrica del edificio, simularon distintos escenarios y validaron una arquitectura capaz de mantener la seguridad y estabilidad del sistema.
La aplicación de este modelo permitió reducir en un 40 % el consumo de energía proveniente de la red convencional en el Bloque H. Este resultado representa una disminución de la dependencia de fuentes externas y evidencia el aporte de una gestión coordinada de la generación renovable y la demanda eléctrica. Además del beneficio energético alcanzado, Eco-Campus funciona como un espacio permanente de investigación y aprendizaje. Su infraestructura permite que docentes y estudiantes analicen información real, evalúen el comportamiento de la red y prueben estrategias de control antes de considerar su aplicación en otros entornos.

Esta capacidad de experimentación resulta relevante porque permite validar soluciones en condiciones controladas, reducir posibles riesgos y generar conocimiento aplicable a instalaciones industriales, empresariales, institucionales o urbanas que busquen incorporar energías renovables y mejorar su eficiencia. Ciencia sin barreras: Innovación tecnológica para la equidad en salud. La brecha en el acceso a los servicios de salud no siempre se define por la falta de infraestructura física; con frecuencia, la barrera más profunda y silenciosa radica en el lenguaje. En el Ecuador, las personas con discapacidad auditiva se enfrentan de manera histórica a una severa segregación debido a la ausencia de un bilingüismo real en las instituciones públicas y los centros de atención. Un estudio realizado por investigadores de la UPS sede Cuenca reveló una realidad crítica: el 88% de las mujeres sordas encuestadas en el Austro poseía conocimientos nuloso escasos sobre Salud Sexual y Reproductiva (SSR), mientras que el 12% restante presentaba un nivel bajo de comprensión. Esta desinformación sistémica vulnera sus derechos fundamentales y acarrea graves consecuencias de salud pública, tales como embarazos no
deseados, falta de control prenatal, enfermedades de transmisión sexual y morbilidad materna. Frente a este panorama el Grupo de Investigación de Inteligencia Artificial y Tecnologías de Asistencia (GI-IATA) de la UPS ejecutó un ecosistema interactivo bilingüe adaptado a la Lengua de Señas Ecuatoriana (LSEC). La iniciativa, desarrollada en colaboración con la Federación Nacional de Personas Sordas del Ecuador (FENASEC) y la UNESCO Regional Sur, adoptó un riguroso enfoque multidisciplinario que unió conocimientos en medicina, psicología, comunicación social e ingeniería de sistemas con inteligencia artificial. El corazón de la innovación es un sistema experto e inteligente capaz de perfilar a las usuarias y recomendarles de forma automatizada contenidos interactivos personalizados según sus preferencias y necesidades de aprendizaje. El proyecto demostró una alta eficiencia financiera y una enorme capacidad de escalabilidad tecnológica.
