
Escribe: Catalina Álvarez, docente UPS
Era 21 de junio y el corazón de Otavalo latía con la fuerza del sol, porque había llegado el Inti Raymi, la gran fiesta del solsticio. El sonido seco del cuero y el ritmo acentuado del zapateo marcaban el compás de la fiesta del sol, la cosecha, el maíz y la vida. Desde muy temprano, la plaza de San Juan, rodeada de montañas vigilantes, se convirtió en un espacio ceremonial donde se formó el círculo ritual. Con flores, frutos y al ritmo de las coplas de las mujeres y arengas en kichwa de los hombres, la caminata festiva avanzó hacia el centro de apoyo de la UPS.
El ritmo del mercado lo marcaba los productos de la tierra: frutos, granos, semillas, hierbas y verduras. Entre bailes y gritos festivos, la chicha de jora circulaba, calmando la sed y dando fuerza a los cuerpos que danzaban para agradecer al sol, la tierra y los frutos que alimentan la vida.
A media mañana, en el patio, se conformó una mesa académica con la presencia de Luis Montaluisa, primer dirigente de educación de la CONAIE y creador de la Dirección Nacional de Educación Intercultural Bilingüe; Sacha Rosero, impulsor del portal Kichwa.net y referente en comunicación intercultural y Ariruma Kowii, poeta, dirigente y académico kichwa. Sus palabras tejieron las tramas entre historia, identidad y futuro, en un acto de reflexión en kichwa.
Cerca del medio día desplegó el concurso de danzas de los estudiantes de la sede Otavalo, en una atmósfera de energía, orgullo y color. Nos recibió cálidamente Teresa Vaca, coordinadora del centro de apoyo Otavalo. Uno de los momentos más conmovedores fue la participación de los estudiantes de la Amazonía norte, quienes representaron un pájaro multicolor que despertaba lentamente en escena, acompañado por animales como el mono de rabo largo; era una danza de armonía. De pronto, un estudiante con casco blanco, símbolo de la industria petrolera, irrumpió violentamente, quebrando la ronda solidaria de los animales, una denuncia simbólica de los impactos extractivos en sus territorios.
Le siguieron las danzas tradicionales de los pueblos Wao, Shuar y Kichwa, cargadas de fuerza, ritmo e identidad. Luego, cada nivel académico de la sede desfiló con trajes representativos de Imbabura, en un festival de colores: fucsia, azul cielo, azul profundo, negro y blanco. Cada ciclo representaba la cosecha de los frutos, especialmente del maíz, planta sagrada y símbolo central de esta época del año.
Después de cada presentación, se formaba el ruedo para el zapateo y las arengas en kichwa, con gritos como el poderoso “¡Juyayay!”. Se estableció un principio simbólico y didáctico firme: para entrar al ruedo, solo se podía hablar kichwa, haciendo del idioma un territorio vivo y compartido.
El evento cerró con la entrega de premios a los danzantes, otorgados por las autoridades: María Sol Villagómez, vicerrectora de la UPS Quito; Diana Ávila, directora de la carrera de Educación Intercultural Bilingüe y Guillermo Guato, docente de la carrera. A este acto de reconocimiento y gratitud por la entrega, el arte y la cultura viva se sumó la entrega de castillos, “medianos” y la “rama de gallos” de la extensión Cayambe, para comprometer la continuidad de la fiesta el próximo año.
¡Feliz Inti Raymi y que siga la danza del maíz y la palabra viva!
¡Juyayay Inti Raymi¡ saramanta tushuypi, kawsay shimipi kawsachun!
