Aliz Pinto y el impacto internacional de sus investigaciones

Si bien todavía persisten estereotipos sobre los campos de estudio de acuerdo con el género, ella decidió romperlos. Se graduó de un colegio contable, pero optó por el camino menos esperado: la mecatrónica. Hoy, representa a la UPS y Ecuador en escenarios internacionales como la NASA en Estados Unidos, Turquía o Alemania. Aliz Pinto, estudiante de la UPS, sede Guayaquil, diseña proyectos innovadores que cambian vidas. Su sueño más próximo es una fundación en donde confluyan la tecnología y la ética con un propósito social.

¿Cómo empieza tu historia con la ingeniería?

En mi entorno existía la idea de que las mujeres podíamos estudiar cosas relacionadas con los números, pero no ingeniería, así que decidí romper esa cadena. Soy la primera mujer en mi familia en ir a la universidad y la primera en explorar un campo como la robótica. Mi hermano, quien falleció hace tres años, me inculcó el amor por la tecnología y la pasión por descubrir cómo funcionan las cosas. La robótica fue mi forma de canalizar la curiosidad por la ciencia y el deseo profundo de transformar realidades. Para mí, la ingeniería construye futuro y un futuro con propósito.

¿Qué te atrae de la ingeniería en Mecatrónica?

Me interesa la posibilidad de crear soluciones que impacten vidas. La robótica es una herramienta poderosa que mezcla creatividad, lógica y compromiso social. No se trata solo de crear máquinas, sino de cómo estas pueden resolver problemas reales en nuestras comunidades. Mis primeros acercamientos a la mecatrónica me mostraron que podía unir programación, electrónica y mecánica con un propósito humano. Por ejemplo, en la NASA presenté un brazo robótico diseñado para niños con discapacidad. También trabajamos en “SAVE”, el proyecto que presentamos en Turquía, que tiene el potencial de salvar comunidades al anticipar incendios forestales. No se trata de hacer una máquina más sino de construir esperanza.

Has representado al país en lugares importantes. ¿Cuál ha sido tu experiencia más significativa?

Cada experiencia ha sido única. La NASA fue inolvidable: ver tu idea volverse real es algo muy valioso. Pero, si tuviera que elegir la más desafiante, sería el viaje a Turquía. Fuimos tres personas del equipo UPS con una idea que implicó trabajo arduo, noches sin dormir y mucho corazón. También estuve en Alemania con UNICEF. Estas experiencias me permiten ver la tecnología desde una perspectiva global, pero con los pies en la tierra. En Ecuador, formo parte del Club ATOM, liderado por el profesor Tomás Gavilánez, allí somos alrededor de 15 personas, cada una con su perspectiva, talento y una meta común: hacer proyectos de robótica con un sentido humano.

¿Cómo te ves en el futuro próximo?

Pues, me veo liderando proyectos de alto impacto. Estoy estudiando una segunda carrera: Comercio Exterior porque quiero vincular la tecnología con la sostenibilidad y el desarrollo. Me interesa especializarme en robótica industrial con enfoque en automatización inteligente, pero sin perder de vista lo ético, lo humano, lo colectivo. Quiero que la ingeniería siga siendo un camino para cambiar vidas, especialmente en comunidades vulnerables. Me gustaría ser mentora, fundar una organización e inspirar a otras mujeres a entrar al mundo de la ingeniería. Porque sí, necesitamos más voces femeninas en este campo, pero no cualquier voz, sino unas que sean comprometidas, valientes y transformadoras.